El intestino, un universo paralelo

  • por

Ecosistema intestinal. En el ecosistema intestinal interactúan centenares de especies de bacterias, virus y levaduras, además del propio organismo hospedador. Cada uno de estos organismos se relaciona con el medio produciendo sustancias y utilizando aquellas producidas por los demás seres.

Concretamente a este respecto, se han desarrollado nuevas ciencias, como la Genómica que estudia los genes que actúan en el ecosistema intestinal independientemente del organismo al que pertenezcan, la Metabolómica que investiga el conjunto de sustancias vertidas en ese ecosistema por parte de todos los seres, la Transcriptómica que analiza todos los ARNs presentes o la Proteómica que estudia la función de todas las proteínas. Son las llamadas  ÓMICAS cuyo fin es entender el ecosistema interior, más allá de cada uno de sus protagonistas.

La dieta influye directamente en el tipo de bacterias intestinales a través de los cambios de pH que origina y a través de los nutrientes de los alimentos, los cuales nutren a la microbiota, además del organismo hospedador. Actualmente se reconocen 2 tipos principales de perfiles: el Bacteroides asociado a una dieta rica en grasa saturada y proteína animal y el Prevotella característico de quien ingiere hidratos de carbonos y azúcares sencillos. Algunos autores reconocen un tercer tipo que otros autores hacen confluir en el Bacteroides. Aunque la microbiota sea muy sensible a la dieta, se necesitan cambios a largo plazo para cambiar el tipo de perfil (1).

Hoy se sabe que hay una estrecha relación entre el tipo de bacterias intestinales y el estado de salud de un individuo.
Por ejemplo, una dieta rica en colina y carnitina (contenidas principalmente en carnes y huevos) influye en la salud cardiovascular: ambos nutrientes son transformados por la microbiota en una molécula llamada TriMetilAmina (TMA) o su versión oxidada (TMAO) las cuales contribuyen al proceso arterioesclerótico, de ahí que se deba moderar el consumo de estos alimentos.

También se ha observado que a partir de una dieta rica en fibra hay bacterias capaces de producir butirato en el intestino, el cual actúa como antiinflamatorio y constituye el combustible preferido de nuestra barrera intestinal. De esta manera contribuye a su correcto funcionamiento y mantenimiento. El déficit de butirato está relacionado con las patologías inflamatorias intestinales. Todo se debe a que este ácido graso de cadena corta interviene en el funcionamiento del sistema inmunitario, activando moléculas de señalización antiinflamatorias e inhibiendo alguna proinflamatoria. Entre las bacterias que lo producen destaca la Faecalibacerium prausnitziiuna de las comensales más importantes de nuestro intestino, y la Roseburia hominis. Una infección diarreica por C. difficile, por ejemplo, reduce el número de estos microorganismos protectores, favoreciendo indirectamente el estado inflamatorio (2).

Otro campo de estudio está relacionado con la obesidad. En las personas obesas se observa una concentración elevada de Actinobacteria y Firmicutes y reducida de Bacteroidetesamientras que a los delgados les sucede todo lo contrario (3). Además presentan una menor diversidad de especies. Independientemente del peso se ha visto que los individuos con diversidad reducida muestran mayores niveles de resistencia a la insulina, mayor concentración de colesterol, triglicéridos y moléculas pro-inflamatorias, siendo todos estos factores que contribuyen a la aparición del síndrome metabólico.

Curiosamente entre las especies que se reducen en los obesos hay ocho que son grandes productoras de butirato (que, como hemos visto, es un antiiflamatorio), por lo que esta podría ser otra razón de la relación entre obesidad y el síndrome mencionado.

Esta breve explicación nos puede hacer intuir cómo se relacionan el sobrepeso, el estado inflamatorio intestinal, el riesgo cardiovascular y el funcionamiento del sistema inmunitario, aunque todavía haya mucho que comprender. En los próximos posts iremos viendo más interacciones entre microbiota y salud.

En la pasada década se empezó a profundizar en la acción que el ‘viroma’ (es decir el conjunto de los virus presentes en el intestino) puede tener en la enfermedad inflamatoria intestinal ampliando aún más si cabe el campo de estudio.

Fuentes consultadas:

1.- Wu GD, Chen J, Hoffmann C, Bittinger K, Chen YY, Keilbaugh SA, et al. Linking long-term dietary patterns with gut microbial enterotypes. Science. 2011; 334(6052):105–108.

2.- Goldsmith J, Balfour MD. The role of diet on intestinal microbiota metabolism: Downstream impacts on host immune function and health, and therapeutic implications. J Gastroenterol. 2014 May ; 49(5): 785–798. doi:10.1007/s00535-014-0953-z.

3.- Sanz Y, Santacruz J, Dalmau. Influencia de la microbiota intestinal en la obesidad y las alteraciones del metabolismo. Acta Pediatr Esp. 2009; 67(9): 437-442