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Sobrepeso y obesidad

Vivimos en una sociedad rara, en la que estamos sometidos a miles de mensajes contradictorios.

Por una parte, está el culto al cuerpo perfecto, potenciado por las redes sociales y publicidades, y por otro están los mensajes publicitarios omnipresentes sobre comida ultra-procesada de todo tipo. Además, está la influencia social y familiar. Esta última es importante por qué da origen a nuestro propio sistema de creencias.

Y no faltan aquellos que defienden que cada uno puede tener el peso que desee, lo cual es justo y verdad, pero no significa que sea saludable.

El hombre está hecho para estar delgado y ser físicamente activo. Nuestro metabolismo funciona mejor en la escasez que en la abundancia.

Es verdad que existen personas en sobrepeso que no presentan ninguna patología (los llamados obesos metabólicamente sanos), pero suele ser cuestión de tiempo que se presente alguna de las siguientes disfunciones:

  • Problemas articulares: nuestro esqueleto está diseñado para sustentar un determinado peso y el sobrecargarlo solo puede ocasionarle daño. Además, los huesos no son una simple estructura de sustento si no un tejido que manda señales al organismo. Se comunica mucho con el músculo, ya que trabajan juntos y está especialmente influido por la insulina. Al mismo tiempo, a su vez, influye en los niveles de insulina circulante. Curioso ¿verdad? A mí este descubrimiento del año 2010 me llamó bastante la atención: cómo los huesos se relacionan de forma bidireccional con la insulina, que es la hormona que está al centro del metabolismo del azúcar, de la grasa y de muchas más funciones. Por su parte, la hormona que une estos dos mundos es la osteocalcina, la cual a su vez depende de los niveles de vitamina K (sintetizada por nuestras bacterias intestinales) y vitamina D.

A la luz de esto ya no nos asombra entender por qué necesitamos estar al aire libre para tomar el sol y mantener una buena salud intestinal. Todo está conectado.

 Problemas cardiovasculares: el peso impacta de manera especial nuestra salud cardiovascular, aumentando:

    • Por 2 la posibilidad de tener una cardiopatía isquémica y accidentes cerebrovasculares.
    • Los desajustes de los lípidos en sangre, como el colesterol y los triglicéridos
  • Problemas respiratorios ya que los pulmones tienen literalmente menos espacio, sobre todo en aquellos pacientes con grasa abdominal. Y esto ¿Cómo puede ser? Por qué este tipo de grasa no es solo subcutánea, sino que se infiltra en los diferentes órganos, en especial, en los riñones, hígado y músculo cardíaco. En realidad, se infiltra en todas partes, incluso en medio de las asas intestinales. De hecho, el volumen de la tripa otra cosa no es que la necesidad de espacio que necesita nuestra grasa: por ello también empuja el diafragma hacia arriba y quita espacio a los pulmones. Parecido a lo que sucede a las embarazadas.
  • Problemas hepáticos y biliares. Además de la grasa que se infiltra per sé, los cuadros de resistencia a la insulina hacen que las grasas sintetizadas por el hígado vuelvan al mismo y se depositen, originando un hígado graso metabólico.
  • Cáncer: hay algunos cánceres (por ejemplo, el de mama) que se relacionan con el sobrepeso y la resistencia a la insulina, aunque en estos procesos participan también otros factores.

 

Como ves hay motivos suficientes para quitarse esos kilos demás cuanto antes mejor. Debemos de ser conscientes que todos los procesos mencionados tardan años en formarse y manifestarse, por lo que el hecho de no presentarlos en el momento presente no significa que no se estén formando.

El mecanismo principal de estas patologías está relacionado con la resistencia a la insulina y la inflamación de bajo grado, disfunciones que se dan especialmente en las personas con grasa abdominal. Por ello, otro factor que debemos controlar es tener un adecuado perímetro abdominal.  Concretamente, se aconseja que:

Las mujeres tengan un perímetro abdominal inferior a 88 cm y los hombres inferior a 102 cm.

Esta medida es independiente de la altura.

Otra medida muy conocida es el IMC (Índice de Masa Corporal) que puede estar bien como referencia aunque tenemos que saber que no nos sirve para las personas muy musculadas. 

Pero, aún cumpliendo con un peso normal y perímetro abdominal adecuado hay que preocuparse en tener una buena relación entre masa muscular y masa grasa. Es decir, es importante saber cómo estamos repartidos por dentro, ya que los músculos siempre aportarán al organismo sustancias antiinflamatorias protegiéndonos así de las patologías mencionadas. Esto adquiere importancia a partir de los 25-30 años que es cuando se empieza a perder masa muscular de manera progresiva.

El tejido adiposo, por su parte, se ha visto que no es un simple depósito, si no un verdadero órgano endocrino e inmunológico que emite señales que influyen en varios órganos, entre los cuales también el cerebro. Desde este punto de vista la grasa abdominal es más activa que la de otras localizaciones.