La tensión alta

La hipertensión arterial es un importante factor de riesgo cardiovascular. Se suele presentar en varones por encima de los 40 años y en mujeres postmenopáusicas. Los valores máximos saludables están entre los 120-129 mmHg  para la presión arterial sistólica (máxima) y entre los 80 y 84 mmHg para la diastólica (mínima). Muchas personas pueden tener valores más bajos sin que ello sea sinónimo de enfermedad.

La hipertensión, además, es dañina para otros órganos tales como el cerebro, los riñones y los ojos, pudiendo ocasionar accidente cerebro-vasculares e insuficiencia renal. A menos que los valores estén muy disparados, es una enfermedad que cursa sin síntomas por lo que es preciso controlarla de vez en cuando.

Si deseamos reducir la tensión arterial podemos actuar sobre los siguientes puntos:

1.- Reducir la ingesta de sal y de alimentos que contengan sal, como son la casi totalidad de alimentos preparados, los embutidos y los quesos. Esta reducción nos ayudará a ingerir alimentos con menos grasas saturadas lo que favorecerá la reducción de colesterol (otro factor de riesgo muy importante).

2.- Seguir una dieta mediterránea o vegetariana bien planificada.

3.- Bajar el peso en caso de sobrepeso u obesidad.

4.- No fumar.

5.- Controlar la ingesta de alcohol. El alcohol que reduce el riesgo cardiovascular se limita a 2 copitas de vino tinto para los hombres y una para las mujeres. Las ‘copitas’ deben de ser de 200ml. Por encima de esta cantidad el alcohol aumenta el riesgo cardiovascular de manera paralela a la cantidad ingerida.

6.- Realizar ejercicio de forma regular. El ejercicio aeróbico reduce la tensión de manera temporal (durante unas 48 horas aproximadamente): por ello un entrenamiento regular ayuda a que esta reducción sea continua. Además, el ejercicio reduce la inflamación, el colesterol, el fibrinógeno (que es una sustancia que ayuda a la formación de coágulos) y la oxidación (que es la reacción que comienza el proceso de formación de las placas de colesterol).

Cuando estas medidas no son suficientes, se debe recurrir al tratamiento farmacológico bajo prescripción médica. Hay diferentes tipos de anti-hipertensivos. Algunos incluyen o pueden ir acompañados de diuréticos, los cuales pueden ocasionar déficit de potasio en el largo plazo.