La sal

La sal no es un alimento indispensable. Su utilización comenzó en la Edad Media por motivos higiénicos, al ser un conservante con efecto bactericida. Actualmente forma parte de la cultura gastronómica. El exceso de sal es deletéreo para la salud, de ahí que la recomendación actual sea reducir el consumo por debajo de los 5 g/día. De hecho hace años se firmaron acuerdos con la industria alimentaria con el fin de disminuir el contenido de sal en alimentos preparados, pan, etc.

Químicamente la sal de mesa es cloruro sódico, es decir un átomo de sodio unido a uno de cloro. Entre estos dos elemento, el sodio es el que más preocupa. De ahí que la Unión Europea estableció que el contenido de sodio (su sigla es Na) fuera información opcional en el etiquetado de los alimentos. Seguidamente se dieron cuenta que esta información era de poca utilidad para la población. Por ello, a día de hoy, se indica directamente el contenido de sal, en vez del de sodio.

Si uno quisiese valorar cuánta sal ingiere en un día debería pesar la sal que añade a los alimentos y calcular la sal contenida en los alimentos preparados: caldos, conservas, el pan, etc. A este respecto diré que es muy difícil estar por debajo de los 5 g, a menos que se ponga especial atención en comer con muy poca sal, puesto que los alimentos preparados ya incluyen bastante sal de por sí, y lo que cuenta es el total de sal consumido en el día.

¿Por qué se propone reducir la sal?

La sal presenta dos consecuencias negativas para nuestra salud:

1.- El sodio está relacionado con el incremento de la tensión arterial, y por ende, del riesgo cardiovascular. Este incremento se produce por 2 efectos: uno actúa en el corto plazo y otro en largo plazo, de ahí que adquiere importancia la sal ingerida a lo largo de toda la vida.

2.- La sal puede influenciar la formación de cáncer de estómago, con un resultado dosis-dependiente. A este respecto vuelve a ser importante la sal ingerida en el largo plazo, ya que los tumores se originan al cabo de muchos años. La sal es irritativa  de por sí y favorece la colonización de la Helicobacter pylori.

Por lo menos que sea enriquecida

Con este panorama, por lo menos consumamos sales enriquecidas. Las venden que contienen minerales varios (como el magnesio o el flúor), pero lo importante es que contenga iodo ya que, de otra forma, no tendríamos fuentes aseguradas.

En ocasiones, personas con leve hipotiroidismo pueden corregir su patología añadiendo sal iodada en sus platos.