LA CIFRA: En España se sacrifican cada año más de 1.000 millones de animales, y esta cifra se refiere únicamente a los animales que pasan por los mataderos. Según los datos publicados por el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, en 2024 se sacrificaron concretamente casi mil millones de animales: alrededor de 867 millones de aves, 54 millones de cerdos, 27 millones de conejos, 2,5 millones de vacas, 8 millones de ovejas, 1 millón de cabras y 28.015 caballos.
A estas cifras hay que sumar otros animales que no siempre aparecen en las estadísticas oficiales o que se contabilizan de forma distinta. Por ejemplo, unos 48 millones de gallinas ponedoras sacrificadas ese mismo año, entre 30 y 40 millones de pollitos macho eliminados en su primer día de vida, y cerca de un millón de vacas lecheras. A esto se añaden las toneladas de peces procedentes de la pesca y la acuicultura, que no se contabilizan como individuos sino por peso, invisibilizando así el número real de animales afectados. También habría que considerar los aproximadamente 700.000 animales de la industria peletera, para los que no existen datos oficiales y que, en muchos países extracomunitarios, son despellejados vivos, aunque sus pieles se comercialicen posteriormente en Europa.
LEGISLACIÓN Y REALIDAD
La legislación europea pone un énfasis especial en el bienestar animal y regula aspectos como la calidad del pienso, las condiciones de las instalaciones, el transporte o el aturdimiento previo al sacrificio. Sin embargo, existe una importante distancia entre lo que la ley establece y lo que ocurre en la práctica. Los ritmos de crecimiento exigidos, la producción a gran escala y determinadas prácticas fraudulentas convierten a muchas explotaciones de cría intensiva en espacios donde los animales reciben un trato difícilmente compatible con una consideración ética mínima.
Conviene además aclarar que el aturdimiento no equivale a anestesia. Los animales no están dormidos ni inconscientes de forma plena, sino simplemente desorientados o inmovilizados. En el caso de los cerdos, por ejemplo, se les introduce en cámaras con bajo nivel de oxígeno, lo que provoca mareo y angustia antes de la muerte, aunque muchos siguen siendo capaces de caminar hacia la zona de despiece. En las aves, los pollos son colgados boca abajo por las patas y electrocutados; algunos mueren de forma casi inmediata y otros no, prolongándose innecesariamente su sufrimiento. Este tipo de prácticas, aunque legales, plantean serios interrogantes éticos.
Los huevos
El primer número impreso en la cáscara del huevo, que va del 0 al 3, indica el sistema de cría de la gallina dentro de la Unión Europea. En el código 3, las gallinas viven en jaulas, normalmente en grupos de cuatro o cinco, con un espacio individual inferior al de una hoja A4, sin posibilidad de abrir las alas. Este confinamiento provoca altos niveles de estrés y una bajada de defensas, lo que conlleva el uso continuado de antibióticos. Es habitual que las gallinas se arranquen las plumas entre ellas o a sí mismas, motivo por el cual se les corta el pico cuando son pequeñas para evitar la automutilación.
Además, se someten a ciclos artificiales de luz de hasta 24 horas para impedir que descansen y forzar una mayor producción. La exigencia productiva es tal que se altera profundamente su fisiología, obligándolas a poner muchos más huevos de los que su cuerpo podría soportar de forma natural.

Las gallinas de código 2 no viven en jaulas, pero comparten otros problemas, como el uso sistemático de antibióticos y una elevada densidad de animales. Desde un punto de vista de bienestar animal, las únicas consideradas aceptables son las de código 0, es decir, las ecológicas. De hecho, incluso la Sociedad Española de Nutrición Comunitaria recomendaba en 2016 priorizar este tipo de huevos no solo por posibles diferencias nutricionales, sino por su contribución a una cadena alimentaria más humanizada.
Un dato positivo es que el consumo de huevos procedentes de sistemas alternativos al código 3 ha aumentado notablemente: del 7 % en 2016 al 36 % en 2024, lo que refleja una mayor sensibilidad social hacia el bienestar animal.
Los pollitos macho
Cuando se crían las especies ponedoras, los pollitos machos acaban siendo triturados vivos para producir piensos para mascotas, o gaseados o sofocados en bolsas de plásticos a las pocas horas de haber nacido según lo previsto por el Reglamento CEE 1099/2009. En ese mismo documento la EFSA identificó riesgos de bienestar durante la maceración (p. ej., rotación lenta, sobrecarga o ajuste inadecuado de rodillos), que pueden provocar fallos de aturdimiento o muerte inmediata y, por tanto, dolor, angustia y miedo. Diversos Estados miembros han avanzado de forma desigual en la prohibición del sacrificio sistemático de pollitos macho. Según la documentación institucional citada por el EPRS, Alemania y Francia pusieron fin a esta práctica a finales de 2021, Italia lo hará a finales de 2026 y también
Luxemburgo y Austria han adoptado o anunciado prohibiciones nacionales. La práctica alternativa es un sesgado cuando el embrión está en el huevo, evitando que su incubación siga adelante. En Europa se eliminan alrededor de 300 millones de pollitos macho cada año.
El motivo por el que se eliminan estos machos es a que las especies ponedoras no admiten los ritmos de crecimiento de la especie Broiler que es la utilizada para la producción de carne de pollo.
La carne
En la producción de carne, ya sea de aves, cerdos o vacuno, el principal problema es el ritmo de crecimiento antinatural al que se somete a los animales. La prioridad es que crezcan rápido y ganen masa muscular en el menor tiempo posible, aunque esto suponga limitar drásticamente su movimiento, su comportamiento natural y su interacción social.
Un pollo de engorde alcanza en 30 o 40 días un tamaño que, de forma natural, debería tardar el doble. Este crecimiento acelerado afecta principalmente al músculo, mientras que huesos y órganos no se desarrollan al mismo ritmo. Como consecuencia, son frecuentes las fracturas de patas, los problemas respiratorios y las afecciones cardíacas, que rara vez se tratan. Un animal de granja enfermo no se cura: se considera una pérdida asumible dentro del sistema productivo.

Siempre existe un porcentaje de animales que no sobrevive a este ritmo de crecimiento, sin contar aquellos que son sacrificados al no poder caminar o sostener su propio peso. Si aparece una enfermedad infecciosa con riesgo de contagio, lo habitual es eliminar toda la partida de animales de forma inmediata. En este contexto, los animales no son tratados como seres vivos, sino como unidades de producción.
El método Halal
El sacrificio Halal consiste en realizar un corte profundo en la yugular del animal, provocando su desangrado sin aturdimiento previo. Diversos países europeos lo han prohibido por considerarlo especialmente doloroso. En España, sin embargo, su uso ha aumentado, en parte por razones económicas y por la creencia de que la carne presenta mejores cualidades organolépticas.
Los defensores de este método sostienen que, si el corte es limpio, el animal no sufre, aunque la falta de transparencia y de documentación independiente en los mataderos dificulta comprobarlo. El animal más comúnmente sometido a este tipo de sacrificio es el cordero, que suele ser matado con apenas semanas o meses de vida.
La leche

En la producción de leche, las vacas son separadas de sus terneros a las pocas horas o días de nacer, lo que provoca un intenso estrés tanto en la madre como en la cría. Para mantener altos niveles de producción, se les administran hormonas y medicamentos de forma continuada.
Una vaca es rentable durante dos o tres lactaciones; cuando su rendimiento disminuye, es enviada al matadero.
Conclusión
Estos son solo algunos ejemplos del trato que reciben millones de animales que no pueden expresar su sufrimiento. Informarse sobre el origen de los alimentos y las condiciones en las que se producen es una responsabilidad del consumidor. La crianza ecológica, aunque no elimina la muerte ni el uso de los animales como productos, ofrece condiciones de vida más dignas y reduce parte del sufrimiento inherente al sistema industrial.
La cesta de la compra es, en última instancia, un espacio donde también se toman decisiones éticas.

Fuentes consultadas:
1.- Ministerio de agricultura y pesca, alimentación y medioambiente. Informe anual de indicadores: Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente 2021 [Internet]. España: Ministerio de agricultura y pesca, alimentación y medioambiente. [Consultado 23 diciembre 2025]. Disponible en: https://www.mapa.gob.es/es/estadistica/temas/estadisticas-agrarias/ganaderia/encuestas-sacrificio-ganado
2.- Ministerio de agricultura y pesca, alimentación y medioambiente. Encuesta de sacrificio de ganado. Resultados provisionales de la encuesta. Disponible en: https://www.mapa.gob.es/es/estadistica/temas/estadisticas-agrarias/ganaderia/encuestas-sacrificio-ganado/
3.- Sociedad Española de Nutrición Comunitaria. Guías alimentarias para la población española (SENC, diciembre 2016); la nueva pirámide de la alimentación saludable. Madrid: 2016. Consultado el 23 de enero de 2017. Disponible en: http://www.nutricioncomunitaria.org/es/noticia/guias-alimentarias-senc-2016
