Fructosa, ese dulce enemigo

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La fructosa. Cuando oímos mencionar la fructosa generalmente pensamos en un azúcar inofensivo y beneficioso, lo cual es cierto siempre que se ingiera en cantidades moderadas, como pueden ser las contenidas en las piezas de fruta.

La cantidad de fructosa presente en una manzana o pera grandes, o en 2 plátanos, es la misma contenida en una porción de mermelada o de muesli con miel, en medio vaso de refresco de limón o de zumo de fruta azucarados, o una lata de Coca Cola, esta incluso sin azúcar (1). Si, por ejemplo, comemos una tarta de fruta seguramente estaremos comiendo un exceso de este azúcar.

Con el auge de la comida preparada la fructosa es añadida como saborizante o colorante (de ahí que lo encontremos en las bebidas de cola), además de estar contenida en la miel y en concentrados de frutas. Como fuente también tenemos que mencionar el propio azúcar o sacarosa, que es 50% glucosa y 50% fructosa.

Cuáles son los efectos de la metabolización de la fructosa?

La fructosa participa en varias funciones  relacionadas con el metabolismo energético. Su utilización ocasiona una subida de ácido úrico y  ácido láctico en sangre, las cuales no presentan mayores problemas si son moderadas y ocasionales, pero pueden representar un riesgo si son excesivas y continuas.

El aumento de ácido úrico en sangre produce efectos deletéreos en algunas estructuras celulares y en su funcionamiento (2). Además, disminuye la concentración de óxido nítrico y con ello una reducción de la acción de la insulina, lo que ocasiona un aumento de glucosa en sangre y de resistencia a la insulina. Además, el óxido nítrico es una sustancia protectora de los vasos sanguíneos, de ahí que al final la ingesta excesiva de fructosa esté relacionada con la aparición de  enfermedades cardiovasculares, hipertensión, síndrome metabólico, diabetes, disfunción renal y, cómo no, de la obesidad (3). De hecho, el auge de estas enfermedades comenzó en el siglo pasado, sobre todo a partir del fin de la segunda guerra mundial, cuando la dieta cambió sustancialmente en el mundo occidental incrementándose el consumo de azúcar de mesa, entre otros. En los años 70, además, se introdujeron en los Estados Unidos el jarabe de maíz, altamente rico en fructosa, y los refrescos azucarados.

Debemos de ser conscientes que el azúcar no ha estado presente en la dieta de la humanidad hasta el siglo XVIII, cuando empezó a difundirse a partir de la clase acaudalada. Anteriormente el sabor dulce se limitaba a la fruta y a la miel (para aquellos que podían acceder a ella). En Inglaterra entre el 1700 y el 1800 se consumían 1,8 kg por persona y año, mientras que en la primera parte del siglo pasado dicho consumo aumentó hasta los 40 kg por persona y año.

¿Cómo influye la fructosa en la aparición de estas enfermedades?

A través de varios mecanismos. Veamos algunos ejemplos:

  • En relación con la obesidad, la fructosa inhibe la hormona de la saciedad (leptina) y estimula la del hambre (grelina) ocasionando un aumento de la ingesta; el propio sabor dulce, además, es capaz de ser adictivo y de aumentar la elección de alimentos calóricos. De hecho, los animales que hibernan suelen preferir alimentos ricos en fructosa lo que favorece el incremento de sus reservas de grasa.
  • La fructosa inhibe la acción de la insulina y ello ocasiona resistencia a la misma, mecanismo que subyace en la aparición de diabetes de tipo II y del síndrome metabólico.
  • En el hígado, la fructosa se metaboliza en un compuesto tóxico para este órgano (la fructosa-1-fosfato) el cual acaba reduciendo la energía disponible en él, influyendo negativamente en su funcionamiento.
  • El aumento del ácido úrico induce hipertensión y empeora el estado de los vasos sanguíneos debido a la disminución del óxido nítrico y ello influye en la aparición de la disfunción renal y de las enfermedades cardiovasculares.

El estudio de estos mecanismos ha hecho que se dejara de aconsejar la fructosa como endulzante seguro para los diabéticos y que se retirara de la composición de los líquidos de nutrición parenteral.

Aunque estas enfermedades tardan muchos años en aparecer y son el resultado de más factores, es aconsejable repasar nuestra alimentación cotidiana e intentar reducir la ingesta de fructosa a niveles naturales para nuestro organismo, como puede ser el contenido en las frutas.

Fuentes consultadas:

  • Ortega RM et al. Programa informático DIAL. Alce Ingeniería.
  • Martínez O, Suarez M. Metabolismo de los hidratos de carbono. A.Gil Tratado de Nutrición Tomo I. Madrid; 2010. Editorial Médica Panamericana. Pág 205-32.
  • Johnson R et al. Potential role of sugar (fructose) in the epidemic of hypertension, obesity and the metabolic syndrome, diabetes, kidney disease, and cardiovascular disease. Am J Clin Nutr 2007;86:899-906

 

 

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