Cambios conductuales

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Cambios conductuales. En muchas ocasiones el abandono y fracaso de las dietas se debe a nuestro sistema de creencias. Las personas que sufren un sobrepeso instaurado desde hace tiempo y que no logran adelgazar de forma duradera deberían trabajar sobre sus creencias obesogénicas, siendo estas las que nos conducen al consumo excesivo de alimentos calóricos y al sedentarismo.

Supongamos que en nuestro estilo de vida está el cometer excesos los fines de semana. Hay muchas personas que comen de manera controlada y ordenada los días laborables, pero llegados los días festivos consumen aperitivos, bebidas alcohólicas, comidas copiosas, dulces, etc. Estos excesos no serían un problema si fuesen ocasionales, pero suelen ser reiterativos  y acompañados por pensamientos que los justifican, como ‘es que me gusta comer’, es que ‘si no tomas unas cañas no te lo pasas bien’, etc.

Otro ejemplo relacionado con el ejercicio: puede ser que empezar a entrenar nos cueste tiempo y esfuerzo pero si, además, estamos convencidos que ‘no tenemos tiempo’ o que ‘no nos gusta’, es probable que nos cueste más incorporar ese hábito a nuestras vidas y que lo abandonemos a la primera de cambio.

Nuestras creencias derivan de la influencia social y familiar, y son modificadas por nuestra experiencia personal. Es probable que si hubiésemos nacido en otra familia, localidad o país tendríamos diferentes apreciaciones  de la realidad. Al nacer y educarnos en el seno de una determinada sociedad es difícil apreciar que esa forma de ver la vida es heredada y puede ser modificada de manera parcial o total.  De hecho, las personas ajenas a nuestro ambiente son capaces de percibir nuestras creencias, pero para nosotros mismos son invisibles.

Y entonces ¿qué hacemos?  

 

La solución pasa por individuarlas, analizarlas y sustituirlas por otras. Para ello hay técnicas de que los psicólogos conocen a la perfección. Para empezar podríamos dejar de reiterarlas dentro de nuestra cabeza y visualizarnos a nosotros mismos con otras formas de pensar. En la repetición de un pensamiento o idea está la base del aprendizaje.  No es lo mismo repetir en nuestra cabeza ‘qué pena que no pueda comer este postre’ o ‘qué bien me siento sin comer postre’. Aunque la segunda afirmación no corresponda a realidad, el repetirla en cada ocasión nos ayudará a que, de alguna manera y con el paso del tiempo, nos parezca familiar y aceptable.

Por ello es importante aprovechar el tiempo que dura una dieta de adelgazamiento, para ir analizando estas creencias obesogénicas en sus diferentes niveles social, local, familiar e individual.

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