Categoría: Genetica

  • Nuestros genes

    Nuestros genes

    Tiempo de lectura: 10 minutos

    No hay que ser tu dietista online para ser consciente de que hay una reacción individual ante los alimentos, medicamentos, bebidas, etc., y que dicha reacción puede modificarse a lo largo de la vida.

    Detrás de cada reacción hay un componente genético, pero entonces ¿cómo es que nuestra reacción varía a lo largo de la vida si los genes no cambian? 

    Dentro de su enorme complejidad, diremos simplemente que los genes pueden adecuarse al ambiente. Efectivamente, el ser humano tiene la gran capacidad de adaptarse al entorno en el que vive. Desde el polo norte al desierto, pasando por todos los climas y altitudes. Obviamente necesita resguardarse y adecuar la temperatura ambiental a sus necesidades, pero es capaz de sobrevivir con diversos tipos de patrones nutricionales, siendo algunos casi opuestos entre sí.

    Distinguiremos, entonces, dos conceptos: la información genética, que no varía, y la información epigenética, que incluye todos aquellos cambios moleculares que suceden alrededor de los genes y que permiten que los genes se manifiesten de forma diferente aún sin variar su secuencia.

    En este primer blog hablaremos de algunos conceptos relativos a los genes, que nos permitirán entender mejor aquello de la epigenética, pues es a ese nivel donde podemos labrar nuestro destino de salud, incluso por encima de la información genética heredada de nuestros padres.

    Los conceptos que voy a explicar a continuación tienen el fin de hacer entender por qué la nutrición es tan importante en nuestras vidas.

    ¿Qué son los genes?

    Dentro cada célula hay un núcleo en el que se encuentra la doble hélice del ADN, organizada en 46 cromosomas. Estos están organizados en pares: tenemos 23 cromosomas heredados de nuestra madre y otros 23 heredados de nuestro padre: total 46. Decir que están organizados en pares, significa que tenemos 2 genes para cada función, pero solo uno se expresará: el dominante. De hecho, un gen es un segmento de dicho ADN que contiene la información capaz de ser traducida a un producto funcional (por ejemplo, una hormona).

    De aquí el primer concepto importante: una cosa es el contenido del material genético y otra es qué parte de este acaba expresándose, dependiendo de si es dominante o no.

    Hasta aquí la explicación clásica y simplista, pero la cuestión es bastante más complicada y todavía queda mucho por investigar y conocer.

    Para empezar, solo una parte minoritaria de los genes es traducida a un producto funcional (como la síntesis de colágeno, por ejemplo), mientras que la mayoría del material no es traducido y su función todavía tiene que ser definida con claridad. Las secciones que se traducen se llaman exones y las que no se expresan se denominan intrones.

    Hasta hace un par de décadas se creía que los intrones era un material silente, pero ahora se está viendo que influye en la expresión genética. La mayor parte de nuestro ADN está formada por intrones.

    La parte traducida, repito, se encuentra en los exones. A según de la secuencia que presenten (recordar las 4 bases que conforman el ADN: timina, citosina, guanina y adenina), se hace un calco opuesto en el ARN mensajero. El ARN tiene las mismas bases, solo cambia la tiamina que es sustituida por el uracilo.  

    Donde en ADN estáEn ARN mensajero se empareja con:
    TiaminaAdenina
    CitosinaGuanina
    GuaninaCitosina
    AdeninaUracilo
    Correspondencia bases ADN – ARN

    Una vez hecho el calco opuesto, el ARN mensajero sale del núcleo y va al citosol celular donde es copiado nuevamente en el ARN ribosomal según a la secuencia inicial del ADN. El ARN ribosomal está dentro de los ribosomas. En ellos se hace el ensamblaje: por un lado, se va leyendo el ARN mensajero y por otro se captan los ARN transferentes, los cuales transportan los aminoácidos. Cada 3 bases seguidas (triplete) se corresponde con un aminoácido.

    Ejemplo:  en esta imagen de innovabiología que, si en la secuencia de ARN tenemos 3 uracilos seguidos o 2 uracilos y una citosina, le corresponde una fenilalanina y así sucesivamente. De este modo, la información contenida en el ADN es traducida a proteínas, las cuales se caracterizan por su secuencia de aminoácidos.

    También hay microARNs por ahí pululando que interfieren en la síntesis de proteínas.

    Lo curioso es que la información a traducir en cada ocasión, es decir en base a las necesidades de proteína que tenga la célula, puede estar en una secuencia de ADN seguida o no.

    Ejemplo: si tenemos 300 bases de ADN ya sabemos que acabaremos teniendo una secuencia de 100 aminoácidos. Pero, estas 300 bases también pueden traducir a otra proteína diferente si, por ejemplo, se traducen desde la base 1 a la 120, o a otra diferente aún si lo hacen desde la 60 a la 150 + de la 180 a la 300, es decir una misma secuencia puede traducir más de una proteína, así como una proteína puede venir de segmentos de exones diferentes, una vez eliminados los intrones que había entre medias.

    Por eso nuestros cromosomas rinden mucho y ofrecen la posibilidad de sintetizar un sinfín de proteínas.

    ¿Qué son las proteínas?

    Son moléculas muy grandes en las que tenemos secuencias de varios centenares de aminoácidos.  Con estas secuencias se sintetizan parte de las hormonas, las enzimas, el colágeno y todo aquellos que forma la estructura de nuestro organismo.

    Lo que es importante entender es que necesitamos una gran cantidad de todos los 9 aminoácidos esenciales para que nuestro cuerpo pueda funcionar holgadamente y sin dificultades. Hay más aminoácidos que utilizamos, pero el resto no son esenciales, es decir somos capaces de sintetizarlos a partir de otros, aunque dicha síntesis puede se ineficiente si tenemos una ingesta proteica limitada.

    Aminoácidos esencialesAminoácidos no esenciales
    ValinaGlicina
    LeucinaProlina
    IsoleucinaAlanina
    LisinaArginina
    MetioninaAsparrigina
    FenilalaninaAcido Aspártico
    TriptofanoCistenina
    TreoninaAcido Glutámico
    Histidina (en niños)Serina
    Tirosina
    Histidina (en adultos)

    A este respecto hay que puntualizar que la dieta actual es muy rica en proteínas. De hecho, según las guías oficiales ingerimos el doble de las proteínas que necesitamos. Otra cosa diferente es si seguimos un patrón vegano u ovolácteovegetariano. En ese caso debemos saber qué alimentos contienen todos los aminoácidos esenciales y cómo combinar aquellos alimentos que no los contienen todos.

    ¿Cómo se modula la información genética?

    Como he mencionado al principio del blog, la información que se traduce finalmente depende de los genes y de sus adaptaciones epigenéticas. Pero, ¿cómo se modula dicha información?

    Hay varios mecanismos:

    1.- Por supuesto puede haber una mutación genética adaptativa. Por ejemplo, las poblaciones del norte de Europa tienen una mutación para tener la piel clara, la cual sacará más rendimiento a los rayos UVA tan escasos en ciertas épocas del año.

    En esas mismas poblaciones, y por la misma razón, la mayoría de las personas toleran bien la leche, es decir no son intolerantes a la lactosa. Se conocen más de 10 polimorfismos en el gen de la lactasa, que están presente en más del 80% de la población nórdica vs un 35% de la mediterránea, y que permite a los nórdicos beber leche y tener, con ello, una fuente de vitamina D continua. Si hubiesen sido intolerantes, la población sufriría raquitismo y un estrechamiento del canal del parto, lo que hubiera limitado la expansión humana. Se supone que estos polimorfismos aparecieron hace unos 10.000 millones de años cuando se empezaron a domesticar animales y a consumir su leche. Desde entonces los grupos poblacionales con la lactasa operativa en edad adulta (persistencia de la lactasa) tuvieron mayor supervivencia y llegaron a ser mayoría.

    2.- Acetilaciones. La doble hélice del ADN se enrolla alrededor de una columna central de proteínas, llamadas histonas. Estas confieren estructura a la doble hélice e influyen en la expresión de los genes. Cuando una molécula de acetilo se une a la histona (histona acetilada), esta se separa del ADN permitiendo su transcripción. Cuando este acetilo se desune (histona deacetilada) el ADN no puede traducirse.

    3.- Metilaciones: Cuando una molécula de metilo se une a la histona, esta impide que el ADN se traduzca. En este caso, el metilo funciona como una llave que cierra el ADN, aunque su acción específica depende del sitio concreto de la histona a la que se una.

    Por lo tanto, la acetilación y la metilación condicionan la traducción genética, silenciando o activando genes, pero las histonas pueden ser también fosforiladas o sufrir otros tipos de reacciones que influyen en la transcripción genética de manera más o menos definitiva.

    Silenciar no es mejor que activar, depende de las funciones que se vayan a activar o silenciar en las diferentes circunstancias

    4.- Otro mecanismo es dado por aquellas sustancias que entran directamente en el núcleo celular y se acoplan a un receptor específico, y este al ADN, funcionando como factor de transcripción. Se conocen varios de ellos: cada uno es capaz de hacer una función concreta, de ahí que sean específicos de cada tejido. Algunos de ellos han sido utilizados por los principios activos de los medicamentos, como las tiazolidinediomas que se utilizan para tratar la Diabetes Melllitus tipo II y otros desórdenes metabólicos, y que se acoplan al receptor PPARϒ.

    Los receptores PPARϒ tienen ligandos para los ácidos grasos esenciales omega3 y omega6, pero las grasas tienen varios factores de transcripción asociados, de ahí que sea de vital importancia cuidar el tipo de grasa que ingerimos.

    Los hidratos de carbono, las proteínas y los mismos minerales también tienen vías para regular la expresión génica, así como las vitaminas A, D, B1 o B6.

    Prácticamente todo lo que ingerimos induce una modulación de la información genética originando diversas respuestas metabólicas.

    La influencia de tantos factores sobre miles de genes que, a su vez, se influyen entre sí, genera una información enorme y compleja. Todo ello contribuye a la variabilidad individual.

    Por eso, a veces, las sustancias producen un determinado efecto cuando son estudiadas in vitro, pero no lo hacen cuando actúan en un organismo vivo, puesto que este está sometido a la influencia de otros factores como los que acabamos de ver, o a la propia regulación hormonal.

    Actualmente la genética es estudiada por equipos multidisciplinares y analizada por potentes ordenadores, siendo una persona sola incapaz de asimilar tanta información.

    Las enfermedades crónico-degenerativas son ‘poligénicas’, es decir, derivan por el funcionamiento anómalo de varios genes (incluso decenas). También son multifactoriales, es decir que se originan por la acción conjunta de una serie de factores (edad, sexo o peso), muchos de ellos dependientes de nuestro estilo de vida, como el patrón nutricional, el ejercicio físico, la ingesta de tóxicos, hábitos de higiene, etc.

    El diseño de dietas personalizadas basadas en la información genética se prospecta como la nutrición del futuro, aunque todavía está en fase de estudio.

    Su desarrollo será más complejo de lo que pensamos, pues cada vez se añaden más factores ajenos a nuestro organismo capaces de influir en nuestra transcripción genética, como los microARNs contenidos en fruta y verdura cruda o la gran influencia de la fauna y flora intestinal que hospedamos en nuestro interior: la famosa microbiota.

  • La dieta y los genes

    La dieta y los genes

    Al hilo de lo explicado en el blog anterior, hemos visto que la predisposición genética hacia un determinado estado de salud no tiene por qué ser determinista, puesto que a través del estilo de vida podemos influir positivamente en lo que nuestros genes (genotipo) acaban finalmente manifestando (fenotipo). 

    Cualquier dietista online te puede decir que cuando el estilo de vida persiste en el largo plazo estas adaptaciones pueden transmitirse de padres a hijos. Por lo tanto, de nuestros ancestros no heredamos solo el material genético, sino también los ajustes ‘epigenéticos’ originados por el estilo de vida que ellos han tenido. Estos pueden atenuar la influencia negativa de unos genes no favorables o, por el contrario, pueden anular el efecto benéfico de una información genética favorable.

    Todo ello forma parte de la evolución. Las adaptaciones (por dieta y modo de vida) de un ser vivo se tienen que poder transmitir a su descendencia para que esta esté mejor adaptada a un determinado entorno y estilo de vida. Por ejemplo, tener más grasa o mayor facilidad para engordar en un clima frío, ofrece mayores probabilidades de sobrevivir.

    Pongamos un ejemplo: Para que se lleva a cabo el aclaramiento de la homocisteína (sustancia que se encuentra incrementada en varios estados patológicos, como en las patologías cardiovasculares o el cáncer) se necesita la acción de una enzima llamada metilentetrahidrofolato (MTHFR). Las personas con gen homocigoto (CC) para la síntesis de esta enzima, presentan una MTHFR que funciona bien, pero en las personas heterocigotas CT y homocigotas TT funciona peor y la homocisteína tiende a aumentar. En estos casos una ingesta dietética elevada de folatos permite que la enzima funcione mejor, lo que acaba favoreciendo su supervivencia.

    En la cuenca mediterránea donde la ingesta de folatos debería ser elevada hay más población con las variantes CT y TT que en el norte de Europa donde la ingesta de folatos en inferior. Es decir, en la cuenca mediterránea una persona con unos genes más desfavorables puede sobrevivir gracias a la aportación dietética. Los folatos son termosensibles, de ahí que haya un mayor consumo de verduras crudas donde el clima es más suave respecto a las zonas de frío intenso.

    De la misma manera, las poblaciones que consumen más hidratos de carbono son capaces de asimilarlos mejor respecto a aquellas poblaciones que no las consumen, como los esquimales o, en su día, los cazadores-recolectores. O, por ejemplo, la capacidad que tienen los hindúes de sintetizar EPA y DHA a partir del ácido linolénico (omega3) después de siglos de vegetarianismo es superior a la de la población europea, más acostumbrada a un patrón omnívoro.

    ‘El enfoque de la dieta como un factor para determinar la estabilidad genómica es más importante de lo que se había imaginado previamente, debido al impacto que los alimentos tienen en todas las vías relevantes, como la exposición, la activación y la desactivación de carcinógenos, la síntesis y reparación del DNA y la apoptosis’

    Angel Gil en Tratado de Nutrición, Tomo I, capítulo Nutrigenómica.

    Dentro del estilo de vida, la dieta representa un potente mecanismo para modificar el ambiente celular de muchos tejidos y con ello el metabolismo de una persona. No obstante, en organismos superiores la influencia principal de los nutrientes sobre el genoma se lleva a cabo a través de hormonas, es decir el mecanismo es bastante más complejo que simplemente comer un alimento y de este modo obtener una reacción directa en los genes.

    Algunos nutrientes mayoritarios como los aminoácidos, los ácidos grasos o la glucosa, y otros como las vitaminas y los minerales participan conjuntamente con muchas hormonas en la regulación de la expresión génica. Pero también pueden hacerlo los fitoquímicos (como los polifenoles, terpenos, etc.), los contaminantes ambientales, determinados aditivos y los microorganismos que viven en nosotros. Todo ello, conjuntamente o separadamente, puede causar efectos positivos o negativos en nuestra salud.

    La glucosa, como molécula energética de gran importancia, regula e influye tantas vías génicas en los diversos tejidos, que deberíamos dedicarle un post especial. Ahora bien, se sabe que la hiperglucemia per sé (es decir, independientemente de la acción de la hiperinsulinemia que se deriva) promueve los genes relacionados con la inflamación, tal y como se observa en personas con síndrome metabólico, diabetes mal controlada y en estudios de intervención.

    Los ácidos grasos omega6 y omega3, así como algunos de sus derivados (ácido araquidónico, EPA y DHA) y las citoquinas derivadas tienen diferentes receptores PPAR directamente en el núcleo celular. Los receptores son diferentes a según de cada tejido, en donde activan funciones específicas. Estas están relacionadas con la producción de energía, el metabolismo de ácidos biliares, el colesterol, los triglicéridos y otros ácidos grasos, la lipogénesis y la lipolisis. Influyen en la inflamación y la resolución de la misma. También intervienen en el desarrollo o en la supresión de determinados tipos de cánceres. Hay más ácidos grasos que inducen la transcripción de genes, como es el caso del ácido oleico, principal compuesto del aceite de oliva.

    Los aminoácidos, por su parte, ejercen efectos sobre la expresión génica de funciones relacionadas esencialmente con las proteínas y su síntesis. Y cuando hablamos de proteínas, debemos entender que dentro de ellas están muchas hormonas, las enzimas y un sinfín de moléculas del organismo. También modulan parte de la respuesta inflamatoria.

    Las vitaminas A y D actúan como si fueran hormonas presentando receptores directamente en el núcleo celular, mientras que otras vitaminas hidrosolubles como la B1, B6, C y la biotina también modulan la expresión génica, así como lo hacen algunos minerales, entre los cuales encontramos el hierro, el cinc y el calcio.

    Pasando a otras sustancias, el té verde, por ejemplo, tiene un compuesto que evita que los metilos se unan al ADN y silencien unos genes que nos protegen de los tumores. Por eso se dice que tiene efecto anticancerígeno. Muchos de los fitoquímicos actúan de forma parecida.

    Veamos otro ejemplo sobre las metilaciones: dentro de cada célula tenemos una familia de genes denominados los House Keeping Genes. Se trata de genes con funciones de mantenimiento (como la reparación del ADN) y de regulación de procesos relacionados con el inicio de procesos cancerígenos. Estos genes suelen estar activos (demetilados), pero en presencia de tumores están inactivos (metilados), lo que les impide desarrollar su acción protectora.

    Para metabolizar los tóxicos o los medicamentos, las células utilizan la información contenida en una familia de genes conocida como citocromo P450. Los diferentes cambios en las metilaciones y otras reacciones pueden hacer que este sistema funcione mejor en unas personas que en otras, por lo que los tóxicos y los medicamentos no afectan a todos por igual.

    A la luz de todo esto solo nos cabe desear que no nos falte ningún nutriente para que el metabolismo pueda funcionar saludablemente, aunque también nos interesa que no haya excesos perjudiciales.

    En las rutas metabólicas intervienen centenares de moléculas, la insuficiencia de solo uno de ellos es capaz de condicionar toda una ruta metabólica.

    ‘Una cadena es tan fuerte como el más débil de sus anillos’

    En circunstancias de déficit (o excesos) el organismo se encuentra obligado a priorizar unas funciones respecto a otras, induciendo así el desarrollo de patologías crónico-degenerativas.

    A este campo de investigación se dedican la nutrigenómica y la nutrigenética. La primera explica como los nutrientes y otros compuestos interaccionan con el conjunto de genes. De este modo, algunos genes regulados por los alimentos pueden iniciar la aparición de una enfermedad, influir en su evolución, progresión y gravedad. Pero, el grado de influencia de los alimentos depende a su vez de la composición genética individual y es lo que estudia la nutrigenética.

    Es una doble interacción: por una parte, lo que se ingiere influye en los genes (somos lo que comemos), pero por otra, nuestra forma de ser influye en cómo nos afectan los alimentos.

    Dentro de estas ciencias hay otras que se distinguen a según del objeto del estudio, como la epigenética, que investiga de qué manera y en qué medida el estilo de vida influye en el fenotipo o las llamadas ‘ómicas’: la genómica, la transcriptómica, proteómica o metabolómica, que estudian respectivamente el material genético, cómo se transcribe, qué proteínas se transcriben o cómo interactúan los diferentes metabolitos en los tejidos corporales.

    Son campos de estudio muy amplios cuya visión conjunta está lejos, por el momento, de poder ser implementada a nivel práctico

Resumen de privacidad

En cumplimiento con lo dispuesto en el artículo 22.2 de la Ley 34/2002, de 11 de julio, de Servicios de la Sociedad de la Información y de Comercio Electrónico, esta página web le informa, en esta sección, sobre la política de recogida y tratamiento de cookies. Una cookie es un fichero que se descarga en su ordenador al acceder a determinadas páginas web. Las cookies permiten a una página web, entre otras cosas, almacenar y recuperar información sobre los hábitos de navegación de un usuario o de su equipo y, dependiendo de la información que contengan y de la forma en que utilice su equipo, pueden utilizarse para reconocer al usuario. Puede cambiar estos ajustes en cualquier momento. Sin embargo, esto puede hacer que algunas funciones dejen de estar disponibles. Para obtener información sobre eliminar las cookies, por favor consulte la función de ayuda de su navegador.  

CLICA AQUÍ PARA MÁS INFORMACIÓN SOBRE LAS COOKIES QUE USAMOS.