Los desórdenes metabólicos engloban alteraciones que afectan la forma en que nuestro cuerpo utiliza la energía y los nutrientes. Su origen suele ser multifactorial y, a menudo, silencioso. Comprender cómo se desarrollan es fundamental para detectarlos a tiempo y adoptar hábitos que protejan nuestra salud a largo plazo.
Entre ellos tenemos la diabetes mellitus, el hígado graso no alcohólico, la hipertensión, el colesterol o ácido úrico altos y todos deben de ser acompañados de la alimentación correcta.
Alergias, migrañas, infecciones de repetición, síntomas menstruales y menopáusicos, el ansia por comer, cansancio o alteraciones del sueño, también pueden mejorar con la alimentación adecuada.
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