El estilo de vida

Como hemos explicado en apartados anteriores, cuando nacemos heredamos los hábitos de vida de nuestros padres y, especialmente, de nuestra madre, pues los genes de ambos progenitores llevan la huella epigenética de su dieta y estilo de vida. Además, en el momento del alumbramiento, heredamos la microbiota de nuestra madre, también condicionada a su vez por su dieta y estilo de vida.

Por ello, cuando nacemos ya tenemos un bagaje de cómo vivieron nuestros padres.

La mayor parte de las enfermedades que afectan a la sociedad occidental son crónico-degenerativas, multifactoriales y tardan alrededor de 10-15 años en producirse y manifestarse. Su origen puede estar en una dieta desequilibraba unida a otros factores del estilo de vida, como el sedentarismo, el sobrepeso o la obesidad, tabaquismo, consumo habitual de alcohol, la presencia de otras enfermedades predisponentes, etc.

Si, por ejemplo, una mujer es sedentaria, tiene sobrepeso, fuma y bebe alcohol regularmente puede desarrollar osteoporosis aunque tenga una ingesta correcta de calcio. De ahí que tendrá que cambiar su estilo de vida si quiere frenar la evolución de su enfermedad. Es por ello que se insiste tanto en los hábitos de vida, pues juegan un papel crucial en la mayoría de las patologías crónico-degenerativas.

‘Si el alimento es malo la medicina no funciona, si el alimento es bueno la medicina no es necesaria’

Dicho ayurvédico

Si queremos tener buena salud, es recomendable seguir una dieta saludable, practicar el ejercicio adecuado, mantener un peso correcto y reducir al máximo la exposición a los tóxicos. Otros aspectos importantes son el comer con tranquilidad, y posiblemente en buena compañía, dormir bien, lograr un buen equilibrio emocional y mental, y tener buenas relaciones sociales.